
Todo comienza con una llamada de teléfono. Una amiga tienen un amigo, médico militar, destinado en Afganistán. Sale para allá el martes y está recogiendo prendas básicas para combatir el frío, sobre todo zapatos, calcetines y leotardos para los niños que se ven obligados a caminar descalzos por la nieve. A partir de ahí el día se convierte en una sucesión de llamadas a amigos y conocidos y una incesante búsqueda de prendas útiles, nuevas o usadas. Balance del día: 9 pares de zapatos, 4 polares y 12 pares de calcetines.
Otro parche más. Inútil para algunos, insuficiente para otros, tranquilizante de conciencia para muchos. ¿Qué pensarán al respecto los niños afganos que la semana que viene podrán ponerse zapatos y calcetines?