domingo, 16 de noviembre de 2008

EL ERROR Y LA CULPA

¿Tomamos decisiones equivocadas?¿Existe eso que llamamos cometer un error? Personalmente no me gusta la palabra error. Yo creo que simplemente tomamos decisiones a lo largo de nuestra vida, en función de las circunstancias vitales de cada momento, de nuestra percepción de la situación, de los sentimientos que nos provoca, de nuestros conocimientos y nuestra experiencia previa. Y esas decisiones pueden ser adecuadas o inadecuadas ante las circunstancias que se nos presentan en ese momento. Luego, con la perspectiva del tiempo, nos damos cuenta de las consecuencias de esa decisión, y si las consecuencias no las consideramos positivas, entonces decimos que cometimos un error. Y decimos eso porque pensamos que sabiendo lo que sabemos ahora habríamos tomado otra decisión diferente. Pero eso es hacer trampa, porque en aquél momento nuestra percepción de las cosas era otra. No tiene sentido plantearse así las cosas.
Todo lo que hacemos, decimos e incluso pensamos tiene consecuencias de algún tipo. Lo que nunca sabemos es cuáles serán esas consecuencias a medio o largo plazo, de que modo nos afectarán a nosotros o a los demás. La perspectiva es algo imprescindible para valorar si algo es positivo o negativo para nosotros. Lo que hoy parece un desastre, mañana puede traer consecuencias muy positivas y viceversa. Tenemos muy poco control sobre nuestras vidas, aunque nos cueste reconocerlo. Y nos encanta culpabilizarnos por lo que hicimos en el pasado. La culpa es una de las emociones más inútiles y paralizantes. De hecho, la culpa solo tiene una utilidad: la de evitar que cambiemos. El sentirnos culpables de nuestros “errores” es la herramienta perfecta para seguir actuando del mismo modo. Nos da la sensación de no ser tan malas personas porque al menos nos sentimos culpables. El domingo no fuimos a ver al abuelo, de modo que nos sentimos culpables y así aliviamos un poco nuestros remordimientos y el domingo que viene podremos volver a dejar de visitarle. Le mentimos a nuestro mejor amigo, nos sentimos culpables por ello, de modo que no debemos ser tan malos. Podemos volver a mentirle en otra ocasión.
Si cuando actuamos lo hacemos convencidos de que en esas circunstancias es lo que debemos hacer, no tiene sentido culpabilizarse por ello. Si actuamos deliberadamente sabiendo que deberíamos hacer otra cosa, es decir, voluntariamente, tampoco tiene mucho sentido culpabilizarse.
Lo que de verdad nos permite cambiar de actitud es la responsabilidad. Somos responsables de nuestros actos y, por tanto, debemos asumir las consecuencias. Y si esas consecuencias son perjudiciales para nosotros o para un tercero podemos tomar las decisiones necesarias para intentar reparar el daño. Sin culpabilidades. Asumir la responsabilidad de nuestros actos nos permite también aprender de nuestras conductas dañinas para no repetirlas, porque no responsabilizamos o culpabilizamos a los demás. El aprendizaje es vital para nuestro crecimiento y solo podemos aprender mediante la experimentación. El verdadero error no está pues en el acto en si, sino en no saber aprender de sus consecuencias. Eso que solemos llamar errores son pasos imprescindibles para nuestro aprendizaje vital y, por tanto, tienen su razón de ser y en mi opinión no deberíamos llamarles errores, sino experiencias. Es un asunto de conceptos. Yo prefiero decir que “aprendemos de nuestras experiencias” antes que “aprendemos de nuestros errores”, porque, al fin y al cabo, aprendemos tanto de nuestros “errores” como de nuestros “aciertos” –o al menos deberíamos hacerlo- y la palabra error suele llevar añadida una carga negativa que puede conducir al sentimiento de culpa. Que llevamos a cabo actos o pensamientos dañinos para nosotros mismos o para los demás es un hecho, sería absurdo negarlo. Pero cuando actuamos así solemos hacerlo basándonos en lo que creemos correcto –salvo que actuemos a sabiendas de que eso nos hace daño- en base a nuestra percepción de la realidad, que es la que generalmente suele estar equivocada. Podemos tener por tanto un error de percepción en un momento determinado y cometer un “error” que solo podremos valorar más tarde, cuando nuestra percepción de la realidad sea diferente. Ahora bien, ¿quién puede asegurarnos que mañana nuestra percepción de la realidad no vuelva a cambiar y lo que hoy nos parece un error mañana nos parezca una decisión correcta? O más aún ¿quién sabe en qué derivará mañana lo que hoy nos parece un error? Si las consecuencias finales son positivas, ¿podemos seguir considerándolo un error?
Tendré que seguir dándole vueltas al asunto, porque quizá me esté equivocando de cabo a rabo. Es vuestro turno. Se aceptan todo tipo de sugerencias.

18 comentarios:

Juan dijo...

Joderrrrrrrrrr. Ni setas, ni abrigos, ni florecillas de primavera. Menuda entrada, muy sustanciosa y muy acertada. Ahora estoy medio en la cama y no estoy en condiciones de dar mi opinión, porque merece mucha reflexión. Pero no te librarás de ella, jejejej..

ENHORABUENA, con mayúsculas y sin subrayado porque no se como se subraya.

Un abrazo.

El patio de mi casa dijo...

Para mí, esta entrada hila perfectamente con la de Juan de hace unos días sobre la preocupación... En vez de vivir en presente, nos pasamos la vida pre-ocupándonos anticipando el futuro, y culpabilizándonos anclados en el pasado.
Desde luego, es lo que tiene ser libre, que uno debe responsabilizarse de sus actos, y asumir las consecuencias. Está claro que cuando elegimos una senda, nos perdemos saber qué nos deparan las otras. Pero, aunque es muy humano, en el fondo es absurdo lamentarse por los "supuestos" errores. De todo se puede aprender.
Y desde luego, malo es culpabilizarse, pero peor es culpabilizar a "los otros" o a "la sociedad". Es una postura que puede parecer cómoda, pero que lo único que hace es esquivar responsabilidades y descartar soluciones.
Buen día.

Juan dijo...

Enhorabuena Celadus. Me encanta la claridad de tus ideas, me gustan tus ideas y me gusta como las expresas. Estoy básicamente de acuerdo con todo lo que expones, así que no voy a incidir en las analogías sino en algunos puntos levemente discordantes.

La persona que nos definió como clones, tenía muchísima razón, jajajaja.

A veces, un simple cambio en las palabras utilizadas, nos hacen ver las situaciones desde otra perspectiva. Poner palabras a lo que pensamos o sentimos puede ayudar a aclararnos. Por eso me parece interesante el enfoque que le das al término error. Yo, particularmente, sí empleo la palabra error, me parece más entendible, pero no lo asocio a culpa sino a responsabilidad. Pero tu planteamiento me parece igual de válido y creo que puede ayudar a mucha gente.

“Eso que solemos llamar errores son pasos imprescindibles para nuestro aprendizaje vital y, por tanto, tienen su razón de ser y en mi opinión no deberíamos llamarles errores, sino experiencias”.

No sé si estoy de acuerdo con esta frase. Parto de la base que el error debe ir acompañado del aprendizaje y de la responsabilidad. Si hablamos de experiencia en vez de error, también puede existir la tentación de nos disculparte si tu “experiencia ha hecho daños a terceros”. Son cuestiones puramente semánticas, lo sé, pero a veces la semántica puede influir en nuestros actos.

“Tenemos muy poco control sobre nuestras vidas, aunque nos cueste reconocerlo”.
El control sobre nuestras vidas depende de muchos factores. Algunos externos, como el régimen político en el que vives, las libertades de las que disfrutes, la muerte o la enfermedad de los que nos rodean. Ciñéndonos a España, creo que podemos tener un enorme control sobre nuestras vidas. Otra cosa es que lo sepamos usar. Hasta factores que supuestamente no se pueden controlar, como la muerte o la enfermedad propias, tenemos un “cierto control” sobre las mismas, que se basan en fomentar nuestra propia salud psico-físico-social. No digamos ya en temas mucho más personales como el amor, la amistad, la educación de nuestros hijos etc. Claro que todo esto cuesta mucho trabajo. No se puede ser cómodo. Hay que ser rebelde y poner en solfa todo que nos han “legado”.

De todas formas, siempre hay dos tipos de variables: las dependientes y las independientes. Las independientes son las que no se pueden controlar, pero las dependientes sí y sobre ellas debemos actuar.

Un abrazo

Eli dijo...

Yo soy una persona a la que le cuesta tomar decisiones. A pesar de que tengo muy claro lo que quiero y lo que soy hay ocasiones en las que necesito meditar muy bien el camino a tomar.
Pero- ¡ay, amigo!- una vez que me decido, no hay sitio para la vuelta atrás: Lo digo y lo hago. Esa es mi creencia. Y he de ser consecuente con la decisión que he tomado.
En este contexto no caben los errores ni las decisiones equivocadas porque no me permito mirar atrás ni regodearme en lo que quizá pudo haber sido.
No creo que haya elecciones afortunadas o desafortunadas. Hay elecciones tomadas. Y punto.

También es verdad que el camino de las decisiones no es lineal, y que después de la primera elección, éste se bifurca constantemente obligándote a tomar nuevas decisiones que, no es nada raro, podrían de alguna manera u otra acercarte al punto de origen.

Yo creo que el truco está en valorarse a sí mismo y ser consecuente. Y soportar los resultados de nuestros actos como parte inherente de lo que somos.

Sobre todo, no desesperar.
Creo que somos lo bastante fuertes como para sobrellevar situaciones adversas siempre que nos sintamos con la sensación de estar llevando algún tipo de control.

Y en las situaciones en las que nuestra voluntad no tiene nada que ver...¿qué errores o culpa podemos tener?

Kaken dijo...

Pues yo pienso imprimir esta entrada para regalársela a mis hijos.

Creo que más claro no se puede explicar, y estoy de acuerdo en todo lo que dices tan bien dicho, Cel, gracias.

Es una liberación entender el resultado de nuestras elecciones como experiencias, independientemente de cómo se comporten.

PDC, incides en algo muy habitual en nuestros días: culpaa a los otros.
Sería muy interesante que lo desarrollaras.

Juan, no acabo de estar de acuerdo contigo, pero creo entender que intentas arrojar una luz de optimismo.

Ale, me voy a la impresora :-)

Un bes.

Celadus dijo...

Gracias a todos por los comentarios.
El patio de mi casa, es verdad lo que dices sobre como pasamos la vida entre la preocupaión por el futuro y la culpa por el pasado. No recuerdo quién decía "Hay dos días de la semana que no me interesan en absoluto: esos días son ayer y mañana."

Juan, dices: "Si hablamos de experiencia en vez de error, también puede existir la tentación de nos disculparte si tu “experiencia ha hecho daños a terceros”.
No veo por qué tiene que ser así, siempre que seamos responsables de nuestros actos. Entonces podremos ver que tal o cual acción o decisión nuestra ha tenido consecuencias dañinas para terceras personas, y aprender de esa experiencia para no repetir dichas conductas en el futuro. Eso no implica en absoluto tentación alguna de disculpa o justificación.

"Ciñéndonos a España, creo que podemos tener un enorme control sobre nuestras vidas. Otra cosa es que lo sepamos usar."
Pues yo sigo diciendo que el control sobre nuestras vidas es pura ilusión. Podemos actuar, eso sí, para intentar encauzarlas por donde creamos más conveniente y debemos incluso esforzarnos por conseguir hacer con nuestras vidas lo que queremos. Pero eso no significa que tengamos el control, porque existen otras varables externas que no controlamos en absoluto. El resultado de nuestros esfuerzos es SIEMPRE una incógnita y asumir eso es un paso imprescindible para ser feliz. Hagamos cuanto esté en nuestras manos pero no nos apropiemos del resultado antes de que llegue. De esa forma evitaremos mucho sufrimiento inútil.

Eli: "No creo que haya elecciones afortunadas o desafortunadas. Hay elecciones tomadas. Y punto."
Has resumido en tres contundentes frases toda mi entrada, jajajaja. Enhorabuena. A eso le llamo yo capacidad de síntesis :)

Kaken ¿no crees que te estás pasando? jajajaja. Gracias a ti.

Ado dijo...

Impresionante entrada Cel.

Estoy con Eli en "No creo que haya elecciones afortunadas o desafortunadas. Hay elecciones tomadas. Y punto.",que como tu bien dices es el resumen de tu entrada.

Portorosa dijo...

(Sin leer los demás comentarios, aviso.)

Me ha gustado mucho, me parece muy interesante lo que dices. Sobre todo me interesa la parte referente al sentimiento de culpa y su perniciosidad (porque me veo reflejado); y su contraposición a la idea de responsabilidad.

Pero hay un tipo de error que tú citas de pasada, y que para mí es el error por antonomasia; o al menos en mi caso lo ha sido: hacer algo sabiendo que no lo tienes que hacer, sabiendo que no quieres hacerlo, sabiendo que estás tratando de engañarte. Esto sí es un error, creo yo; y en mi caso lo he achacado siempre, y lo sigo achacando, a la cobardía.

(Las raíces de esa cobardía, e incluso si es en realidad cobardía u otra artimaña, se lo dejo al psicoanálisis...)

Un saludo.

Juan dijo...

Escribes:
"Pero eso no significa que tengamos el control, porque existen otras varables externas que no controlamos en absoluto. El resultado de nuestros esfuerzos es SIEMPRE una incógnita y asumir eso es un paso imprescindible para ser feliz. Hagamos cuanto esté en nuestras manos pero no nos apropiemos del resultado antes de que llegue. De esa forma evitaremos mucho sufrimiento inútil."

Las variables externas, en una situación política y social como la que vivimos, no son tan importantes. Mucho más importante es nuestra acción (que no nuestras reacciones). Tenemos capacidad para elegir en casi todo, sabiendo que los resultados pueden ser o no los esperados y, si no lo son, podemos volver a elegir.

Hasta en las variables externas tenemos capacidad de decisión. Yo no pude decidir cuando se murió mi padre, pero sí puedo decidir como me va a afectar esa muerte, que mecanismos tengo para que no me hunda.

Siguiendo el ejemplo de un buen amigo, si estoy en un atasco de tráfico, no puedo hacer que el coche vuele para saltarlo, pero sí puedo elegir si me enfado o si me lo tomo con filosofía y aprovecho para oir música, traer recuerdos agradables o reflexionar sobre un tema pendiente. Si elijo enfadarme, esto puede llevar a que cuando llegue a casa, discuta por cualquier tontería con mi mujer, o regañe a los hijos por tonterías. Si esto sucede, no se debe al atasco, si no a como lo he decidido vivir yo.

Con tu permiso, Celadus, me gustaría contestar a portorrosa desde mi punto de vista.

Hablas de cobardía donde yo hubiera puesto la palabra comodidad.

Muchas veces repetimos una y otra vez los mismos errores, y sabemos que nos estamos equivocando, porque no afrontamos las cosas que nos han ido mal desde otra perspectiva: la perspectiva del cambio. Nos dejamos llevar por lo conocido, en donde nos encontramos "cómodos", auqneu nos haga sufrir. El miedo al cambio no es tanto cobardía como comodidad.

Un abrazo.

Portorosa dijo...

Gracias, Juan.

Me he pasado más de un año psicoanalizándome (ahora me he tomado un descanso, porque estaba hasta las narices) y tratando, entre otras cosas, de saber por qué varias de las decisiones más importantes de mi vida las he tomado, APARENTEMENTE, pensando en lo que otros querían.

Digo "aparentemente" porque el psicoanálisis, como me pega que sabréis por aqui, da por sentado que todo lo hacemos por nosotros mismos, lo disfracemos como lo disfracemos, y nos creamos lo que nos creamos.

Dejando el análisis a un lado y tratando de expresarme en términos "normales", de verdad te digo que en mi caso no veo comodidad, sino cobardía: y cobardía no tanto al cambio (que también) sino a fallar a alguien, a salirme de un guión que creía no haber escrito yo. O, volviendo al psicoanálisis otra vez, miedo a romper el concepto que de mí tienen/tuvieron en su momento las personas claves en mi vida.

¿Se me entiende?

Lo que yo no he soportado, y soporto mal, es que ciertas personas importantes para mí tengan un mal concepto de mí. O, mejor dicho, lo que no soporto es percibirlo así.

En fin... ¡yo qué carallo sé!

Juan dijo...

¡¡¡Qué complicado es todo esto portorrosa¡¡¡.

Lo voy a intentar poner con otras palabras (lo mismo me equivoco).

Tú has fabricado un concepto de tí, en el que te reconocen y gustas. Pero ese concepto, fabricado por tí (repito), que de tí tienen, de alguna forma, choca con tu propia esencia y estás incómodo con la imagen que das, que es la que tú has "fabricado". Menudo trabalenguas.

Mientras tú no estés a gusto contigo, mientras tú no elijas lo que realmente quieres y no lo que esperan de tí, va a existir un poso de amargura, sufrimiento e incluso rencor,que más tarde o temprano puede estallar. Si esto sucede, explotará de la peor de las maneras, porque lo hará desde la víscera.

Arriesga, no reacciones, cambia para aceptarte y, desde tu propia aceptación y respeto por tí mismo, los demás te aceptarán y respetarán más y mejor, aunque al principio les choque.

Juan dijo...

¿Qué es la valentía?: tener miedo, controlarlo y hacer lo que debemos hacer.

¿Qué es la cobardía?: no controlar el miedo.

¿Qué es la comodidad?: tener miedo, controlarlo y no hacer lo que debemos hacer.

Un abrazo

Portorosa dijo...

Tú has fabricado un concepto de tí, en el que te reconocen y gustas. Pero ese concepto, fabricado por tí (repito), que de tí tienen, de alguna forma, choca con tu propia esencia y estás incómodo con la imagen que das, que es la que tú has "fabricado". Menudo trabalenguas.

De trabalenguas, nada. Está muy bien, y muy claro. Y es así. Ese choque está muy bien visto, Juan.


Mientras tú no estés a gusto contigo, mientras tú no elijas lo que realmente quieres y no lo que esperan de tí, va a existir un poso de amargura, sufrimiento...
Así es (he cortado ahí porque no veo tanto como rencoroso como amargado). O era. O va camino de dejar de ser.

Arriesga, no reacciones, cambia para aceptarte y, desde tu propia aceptación y respeto por tí mismo, los demás te aceptarán y respetarán más y mejor, aunque al principio les choque.
Pues me has dicho mucho y muy útil, de verdad.
Gracias, y un abrazo.

Celadus, gracias por tu hospitalidad.

Celadus dijo...

En ningún momento he negado nuestra capacidad de elección, Juan. Es evidente que podemos elegir como nos afectan las cosas. Cuando hablo de que no tenemos apenas control sobre nuestras vidas no me refiero a la forma de vivirla, sino a las cosas que nos pasan. No tenemos control ni siquiera sobre nuestro cuerpo, que en cualquier momento se puede ir literalmente al carajo. Nos puede fallar el corazón, el hígado, el cerebro y cualquier cosa que quieras poner en la lista. A la hora de morirse no tenemos control sobre el cuerpo para que siga viviendo. A eso me refiero cuando digo que el control es una pura ilusión. Y si no tenemos el control sobre nuestro propio cuerpo no te cuento ya sobre los demás o sobre las circunstancias. Tenemos la opción de hacer lo posible para que nuestro cuerpo esté sano y nos dure muchos años, eso sí. Y que lo hagamos o no está solo en nuestras manos. Pero hasta ahí podemos llegar. Eso no es tener control, sino capacidad de elección. Sin embargo, creemos que controlamos nuestras vidas, nuestra situación laboral, nuestra situación familiar, cuyo mantenimiento depende en gran parte, sí, de nuestro esfuerzo constante, pero no en exclusiva. No somos nosotros quienes controlamos nuestra vida, la vida va por su cuenta y nosotros podemos adaptarnos a ella e incluso disfrutarla al máximo y sentirnos partícipes de ella pero nunca controlarla.
No se mi ahora me he explicado bien :). Al final casi voy a escribir otra entrada sobre el tema, jajajaja.

Portorosa, tranquilo que yo no voy a psicoanalizarte. Me parece muy acertado lo que te ha escrito Juan.
Si repites una conducta que no quieres repetir es porque no has aprendido de ella. O porque no te ha hecho sufrir lo suficiente. Probablemente los beneficios psicológicos que te reporta esa conducta son mayores que el sufrimiento que te pueda provocar (o tal ves incluso el sufrimiento te aporta esos beneficios psicológicos). Eso es algo que solo tu puedes descubrir examinándote a fondo.
Mi blog es tu casa. :).

Juan dijo...

Ahora sí lo he comprendido Celadusy por supuesto estoy de acuerdo con lo que dices.

Un abrazo

Kaken dijo...

Ya que Portorosa lo ha mencionado, me permito decir que no me fío mucho del psicoanálisis.

Me decanto más por aclarar ideas mediante la técnica psicológica cognitivo-conductual.
Es más blandita, menos agresora, y mucho más eficaz y realista.

Desde mi ignorancia, es mi opinión a la vista de resultados más que espectaculares.
Eso sí, como en todo, se ha de estar predispuesto, abierto, y trabajar.

Un bes.

Portorosa dijo...

Kaken, es que yo sólo conozco el psicoanálisis; por eso me limito a hablar de él.

Quién sabe, a lo mejor cambio de escuela.

Gracias, Celadus.

Saludos.

Kaken dijo...

Estupendo Portorosa, probar no te va a hacer ningún daño ;-). Eso sí, es vital dar con el profesional preparado, no vale cualquiera.

Por cierto, quién dijo que las mujeres somos más parlanchinas que los hombres?? jejeje.

Os sigo, hasta luego¡