viernes, 11 de abril de 2008

NEANDERTALIA


Hay un periodo de nuestra historia que particularmente me fascina. Para ser exactos, no debería denominarlo historia porque las definiciones actuales lo clasifican como prehistoria. Tampoco nos vamos a pelear por eso. El caso es que el periodo al que me refiero se dio durante la última glaciación –la de Würm- y se prologó nada menos que durante 10.000 años, más o menos el periodo que abarca toda nuestra historia desde el neolítico hasta la era Zapatero. Por aquel entonces en la mayor parte de Europa hacía un frío del carajo –con perdón- y el paisaje esta cubierto en su mayoría por hielos y nieves perpetuas, salvo honrosas excepciones, verbigracia, el sur de nuestra península sin ir más lejos. Debió ser aquella una época muy dura para todos, animales y humanos, pero de una belleza salvaje difícilmente repetible, con una fauna magnífica compuesta por inmensos mamuts como pequeñas montañas, bisontes y enormes osos y leones de las cavernas.
Pero con ser ya de por sí magnífico el marco ecológico de aquel periodo, no es eso lo que lo hace fascinante. A ese fondo natural se une la trama más apasionante, maravillosa e irrepetible de cuantas haya podido vivir nuestra especie y de cuantas pueda vivir jamás. Y es que en ese tiempo y sobre la tierra que ahora pisamos convivieron durante 10.000 años dos humanidades distintas, dos especies de humanos semejantes en muchos aspectos pero radicalmente diferentes en otros. Me estoy refiriendo, naturalmente, a neandertales y cromañones –los sapiens, nuestra propia especie-.
Dicen los científicos que los neandertales fueron una especie autóctona, surgida en Europa, y cuyas poblaciones dominaron en exclusividad las tierras que se extienden desde Portugal hasta Oriente Medio durante todo el paleolítico medio. Eran seres muy duros, recios, perfectamente adaptados a la vida en aquella Europa glaciar y salvaje pero muy alejados de esa imagen de brutos ignorantes, medio monos y encorvados, con las que se les asoció durante mucho tiempo y con la que aún hoy les asocia mucha gente. Salvo por algunos rasgos anatómicos, los neandertales eran muy parecidos a nosotros. Aparte de la robustez de su cuerpo, nos llamarían la atención sus rasgos faciales: una frente huidiza y un cráneo alargado, unos arcos superciliares muy marcados, una nariz ancha y chata –muy útil para calentar el aire gélido de aquellos años- y una barbilla recogida, sin mentón. Admirables cazadores, este grupo humano compartió con nosotros muchas de las características que hoy consideramos comunes a nuestra especie: la vida en familia, el cuidado de lo enfermos, algún determinado tipo de medicina –los fósiles demuestran que algunos individuos sobrevivieron a enfermedades que les habrían llevado a una muerte segura de no contar con cuidados por parte del grupo-, la fabricación de utensilios de piedra muy elaborados, el enterramiento de sus muertos y –quizá- algún tipo de arte. Y sin embargo, no eran Homo sapiens, sino otra especie de hombre que en algún momento de su historia se topó con nosotros, que llegábamos desde el este habiendo subido desde el continente africano.
Me pregunto como sería este encuentro, un encuentro mil veces repetido en mil lugares diferentes a lo largo de esos diez milenios de contacto. Me pregunto si convivieron o simplemente se toleraron, si aprendieron unos de otros, si llegaron a mezclarse o tuvieron algún tipo de descendencia. Y me pregunto sobre todo porqué desaparecieron los neandertales al final de ese periodo y solo quedamos nosotros como únicos representantes de la humanidad.
No se fueron del todo. Tengo algunos restos de sílex tallados que he recogido en mis excursiones campestres. Son algunas puntas, raederas y cuchillos tallados por manos neandertales. Me gusta manosearlos e imaginar quién fabricó aquello hace 25 o 30.000 años, si sería quizá el último representante de su especie, el último mohicano de una raza que dominó un continente durante casi 300.000 años y que un día entregó su cuerpo a la tierra junto con sus herramientas de caza, tras recordar quizá muchas noches junto al fuego, al lado de su grupo, mientras hablaban sobre aquellos seres extraños de piel oscura que un día aparecieron en sus tierras y terminaron haciéndose los amos del territorio y de la caza. Poco podía imaginar aquél neandertal que después de tantos milenios, al manosear aquellas piezas, un descendiente de aquellos pioneros del este le recordaría todavía, aun si haberle conocido jamás.

14 comentarios:

Lal dijo...

:)

Eli dijo...

¿Has leido la novela de John Darton "Neandertal"?
En ella fabula acerca del enigma de Khodzant y la supuesta batalla que tuvo lugar entre Homo sapiens sapiens y homo sapiens neanderthalis.

Celadus dijo...

La leí hace tiempo, sí. Y la verdad es que aunque al principio promete, el desarrollo de la historia me decepcionó un poco, con esos poderes mentales de los neandertales. Creo que se le podría haber sacado mucho mejor partido a una historia como esa.

Celadus dijo...

Por cierto, eli, hoy en dia ya no se le llama Homo sapiens neandethalensis sino simplemente Homo neandethalensis, porque se hacepta que es una especie diferente a los sapiens y no una subespecie, como se la catalogó anteriormente.

Eli dijo...

Ya, pero así es como los llaman en el libro.

Kaken dijo...

Hoy mismo ha salido publicado un extenso artículo en "El País Semanal" sobre este tema.
Es absolutamente impresionante el reportaje gráfico: los neandertales eran de piel clara (mucho más que los sapiens de origen africano)y pelo rubio-rojizo¡¡.
El tema me encanta, pero no sé mucho, aparte de que mi pobre visión de la Prehistoria y la evolución humana cambió por completo tras ver "En busca del fuego" y leer "El Clan del Oso Cavernario" (el primero, los demás que le siguen son bastante flacos, uff)

Anónimo dijo...

Un saludín neandertal y cromañonesco a la par.

Bowman

Jose dijo...

"La Especie Elegida", de Arsuaga. A lo mejor ya lo habeis leido, pero si no lo habeis hecho hacedlo, porque aprendes sobre la evolución humana (sobre todo lo que es el cuerpo en si) lo que nunca te hubieras imaginado.

Kaken dijo...

Me lo apunto, Jose ;-)Mercies¡

Celadus dijo...

Apúntate también (apuntaos) "El collar del neandertal", del mismo autor.

Anónimo dijo...

Celadus, has resumido en unas cuantas líneas gran parte de la magia de los Neandertales. No han desaparecido del todo, algo de ellos tenemos los "sapiens sapiens internetiens": Cuando se descifre todo su genoma más de uno se llevará una sorpresa. Mar Sánchez

Celadus dijo...

Gracias, Mar. bienvenida a mi rincón.

VampireConfessions. dijo...

A veces, me pasa como a ti..
Con la diferencia de que yo no tengo sílex.. más que nada porque tengo 14 años. Hace dos, me leí la saga entera de Los Hijos de la Tierra en menos de 3 meses. Para mi edad, no está mal ¿no? . Desde el momento en que terminé el último libro todas mis creencias cambiaron. Yo creía en Dios y todas esas cosas, es lo que me habían inculcado en mi colegio católico. Pero esos libros cambiaron mi vida. Despertaron mi curiosidad por la prehistoria, hicieron que me preocupase más por la naturaleza, y, por supuesto, que dejase de creer que Dios había creado a Adán y Eva.
Sé que esto a nadie le importa, pero a veces viene bien que se lo cuente a alguien que no crea que estoy como una regadera diciendo tonterías y leyéndome libros de 1000 páginas (almenos uno de ellos tiene más de 1000).
Me gustaría estar allí, ver cómo eran... Cómo sobrevivían. Creo que si todos pudiésemos verlo, no estaríamos haciendo tanto daño a la Tierra.

Anónimo dijo...

Yo también leí esos libros por primera vez con 12 años, me fascinaron y todavía hoy (ya tengo 29) lo siguen haciendo. Leo todo lo que cae en mis manos sobre este tema y es increíble. También a mí me gustaría mirar por un agujerito como se vivía en aquella época y resulta un poco frustrante saber que nunca lo podré hacer y, por mucho que se estudie sobre el tema, nunca se sabrá al 100 por 100 la realidad de aquellos días.
Ya me he apuntado esos dos libros de Arsuaga que no conocía, los pediré para mi próximo cumpleaños, muchas gracias.