lunes, 1 de octubre de 2007

GREGARIAS


Ya están aquí, como todos los otoños. Cada año, más o menos por estas fechas, me regalan un espectáculo no por esperado menos sorprendente. Cientos de cigüeñas blancas, volando en círculos, elevándose en espiral a lomos de una térmica o posadas sobre el verde de la marisma. Vienen huyendo del frío norte, del corazón de la Europa continental y se dirigen al sur, a tierras de África, donde buscan un hogar más acogedor donde soportar la invernada. Habrán ido sumando efectivos, como las huestes de Espartaco que iban recogiendo esclavos por tierras de Italia en busca de la libertad. Familias enteras, con los pollos recién nacidos en la última primavera descansan sobre estas tierras, reponiendo fuerzas y congregándose para la gran migración.
Esta tarde las vi. Posadas en el suelo, un horizonte blanco y negro y espigas rojas como el rubí. Quietas bajo el sol. Esperando. Simplemente esperando.
Allí seguirán hasta que no se qué misterioso resorte le pique espuelas a la primera de ellas y la incite a alzar el vuelo. Entonces, como en esos juegos de dominó que parecen crear una reacción en cadena, todas las demás desplegarán también sus alas al viento y ya no pararán hasta haber cruzado el estrecho, ese brazo de mar que no se sabe muy bien si separa o une continentes.
¡Volad! ¡Y tened buen viaje! Una parte de mi va con vosotras a África. Traédmela de vuelta la próxima primavera.

4 comentarios:

Lal dijo...

Lagrimón al canto...
Lo has descrito de tal forma que es casi (igualarlo es imposible) como verlo. Y eso que nunca lo he visto.
Yo también espero el año que viene a dos cigüeñas muy especiales. Tendrían que haber sido 3, pero una ya no cruzará más el estrecho.
Qué cerca estás de tantas maravillas....Sigue narrándolas así.

Eli dijo...

¡Que experiencia volver a ver a esas aves majestuosas tal y como solían verse!
El hombre está acabando con el planeta y por ende con sus habitantes más desprotegidos, obligándolos a alterar sus costumbres innatas.
El invierno pasado las cigüeñas de los alrededores de donde vivo no emigraron. Pasaron el inusualmente cálido invierno en sus nidos.
No sé cómo afectaría eso a sus nidadas, o si tendrá repercusión en los hábitats abandonados.
Pero si este año han vuelto al Sur, seguro que son buenas noticias para todos.

Cristina dijo...

¡Es muy bonito Cel! La verdad es que son aves, que por ciudad pocas veces se ven.
Pero de vez en cuando tengo la gran suerte de verlas volar, y cuando eso ocurre, dejo lo que estoy haciendo y me quedo mirándolas hasta que al final son un punto en la lejanía.

bowman dijo...

Emotivo. Y certero.

Saludines